Una planta de tratamiento de aguas residuales incorpora distintos sistemas biológicos para reducir la materia orgánica, los nutrientes y otros contaminantes presentes en el agua. Estas tecnologías aprovechan la actividad de microorganismos que transforman los compuestos biodegradables antes de la descarga o el reuso del efluente.
Los biorreactores para tratamiento de aguas residuales se diferencian por la forma en que retienen la biomasa, suministran oxígeno y separan los sólidos del agua tratada. Algunos trabajan con microorganismos suspendidos; otros emplean soportes donde crece una biopelícula o funcionan sin oxígeno. A continuación, conocerás sus características y los criterios para elegirlos. ¡Sigue leyendo!
¿Cómo funcionan los biorreactores?
Un biorreactor mantiene condiciones favorables para que los microorganismos consuman la materia orgánica presente en el agua residual. Según su configuración, también puede intervenir en la transformación del nitrógeno y el fósforo.
Los tipos de biorreactores para tratamiento de aguas residuales se agrupan principalmente de acuerdo con el comportamiento de la biomasa:
- Biomasa suspendida: los microorganismos permanecen mezclados con el agua.
- Biomasa adherida: la biopelícula crece sobre superficies fijas o móviles.
- Procesos anaerobios: la degradación ocurre sin suministro de oxígeno.
El desempeño de cada sistema depende del caudal, la carga contaminante, la temperatura, el pH y el tiempo durante el cual el agua permanece en el reactor.
1. Proceso convencional de lodos activados
El proceso de lodos activados trabaja con microorganismos suspendidos dentro de un tanque de aireación. Los equipos instalados suministran oxígeno y mantienen la mezcla en movimiento para que la biomasa entre en contacto con la materia orgánica.
Después de esta etapa, el agua pasa a un clarificador secundario. En esta unidad, los lodos se sedimentan y se separan del líquido tratado. Una parte regresa al tanque para conservar la concentración de microorganismos, mientras que el excedente se retira y recibe un manejo específico.
Este proceso admite diferentes configuraciones, pero requiere vigilar el oxígeno disuelto, la sedimentación y la producción de lodos. Si el objetivo incluye reducir nitrógeno o fósforo, el diseño puede incorporar etapas con distintas condiciones de aireación.
2. Biorreactor de membrana (MBR)
El biorreactor de membrana combina el proceso de lodos activados con módulos de microfiltración o ultrafiltración. La biomasa degrada la materia orgánica y las membranas retienen los sólidos suspendidos antes de que el agua salga del sistema.
Los módulos pueden instalarse sumergidos dentro del tanque o en un circuito externo. A diferencia del proceso convencional, la separación no depende de la sedimentación en un clarificador secundario.
El MBR ocupa menos espacio que ciertas configuraciones tradicionales y produce un efluente con una baja concentración de sólidos. A cambio, necesita controlar la limpieza de las membranas, el consumo energético y la acumulación de materiales sobre su superficie.
La calidad obtenida puede favorecer determinados usos posteriores, pero no significa que el agua sea potable. El destino final y la normativa aplicable determinan si hacen falta procesos adicionales de filtración o desinfección.
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3. Biodiscos o contactores biológicos rotativos
Los biodiscos están formados por discos instalados sobre un eje horizontal. Una parte permanece sumergida en el agua residual y la otra entra en contacto con el aire a medida que el conjunto gira.
Sobre los discos se desarrolla una biopelícula. Durante el movimiento, los microorganismos reciben oxígeno y entran en contacto con los compuestos que deben degradar. Cuando una parte de esta biomasa se desprende, pasa con el agua hacia una unidad de sedimentación.
Este sistema registra un consumo energético asociado principalmente al giro de los discos. Su aplicación requiere comprobar el estado del eje, los componentes mecánicos y la superficie donde crece la biopelícula.

4. Biofiltros
Los biofiltros agrupan diferentes sistemas en los que los microorganismos crecen sobre un material de soporte. Este medio puede ser mineral o sintético y permanecer fijo, sumergido o expuesto de forma intermitente al agua y al aire.
La configuración determina cómo circula el efluente, cuánto oxígeno recibe la biomasa y qué contacto mantiene con los contaminantes. Por esa razón, “biofiltro” no identifica un único equipo, sino una familia de tecnologías de crecimiento adherido.
Dentro de esta categoría se encuentran los filtros percoladores. También existen otras configuraciones sumergidas o aireadas que se diseñan de acuerdo con la composición del agua y los resultados esperados.
5. Filtros percoladores
Los filtros percoladores son un tipo de biofiltro de lecho fijo. El agua residual se distribuye desde la parte superior sobre un medio formado por piedra o materiales sintéticos y desciende a través de los espacios disponibles.
La biopelícula adherida al soporte entra en contacto con la materia orgánica durante este recorrido. La ventilación natural o forzada aporta el oxígeno requerido para mantener la actividad de los microorganismos.
Su desempeño cambia según la cantidad de agua aplicada, la concentración de contaminantes, la temperatura y la recirculación. La biomasa que se desprende del medio debe separarse posteriormente mediante sedimentación. Por tanto, el filtro forma parte de un sistema más amplio y no desarrolla por sí solo todo el tratamiento.

6. Reactor de biopelícula de lecho móvil (MBBR)
El MBBR utiliza pequeños soportes plásticos que se desplazan dentro de un tanque, generalmente aireado. Sobre estas piezas crece una biopelícula que degrada materia orgánica y puede intervenir en la transformación de compuestos nitrogenados.
El aire mantiene los soportes en movimiento y aporta oxígeno a la biomasa. Una rejilla instalada en la salida impide que las piezas abandonen el reactor junto con el agua tratada.
El tratamiento de aguas residuales con biorreactores MBBR puede incorporarse en una instalación nueva o utilizarse para aumentar la capacidad de una planta existente. Su rendimiento depende del tipo de soporte, el porcentaje de llenado, la aireación y la carga recibida.
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¿Qué se debe evaluar antes de elegir un sistema?
La elección debe partir de un análisis del agua residual. Seleccionar una tecnología solo por su tamaño o precio puede generar dificultades operativas o un efluente que no alcance los parámetros requeridos.
Antes de instalar un biorreactor para aguas residuales, se deben revisar estos aspectos:
- Caudal promedio y variaciones durante el día.
- Concentración de materia orgánica y sólidos.
- Presencia de nitrógeno, fósforo, grasas o sustancias inhibidoras.
- Calidad exigida para la descarga, el vertimiento o el reúso.
- Espacio disponible para tanques y equipos.
- Consumo energético y necesidades de mantenimiento.
- Producción y manejo de lodos.
- Preparación técnica del personal responsable.
Estos datos muestran si conviene emplear biomasa suspendida, una tecnología de crecimiento adherido o una combinación de procesos.
Ahora ya sabes cuáles son los principales reactores para depurar aguas residuales. Comprender sus diferencias te dará una base técnica para conversar con especialistas, evaluar una propuesta de tratamiento y comprobar si el diseño planteado responde a las necesidades reales de tu operación.
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