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El control de malos olores en las plantas residuales

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Existe una estadística frecuentemente citada de que las aguas residuales están compuestas aproximadamente en un 99% de agua y en  un 1% de sólidos en suspensión, coloidales y disueltos. Aunque la composición exacta de las aguas residuales varía, obviamente, según las diferentes fuentes y a lo largo del tiempo, el agua sigue siendo, sin duda, su principal componente. Las distintas fuentes de aguas residuales pueden presentar otros tipos de componentes en concentraciones variables.

Es probable que las aguas residuales domésticas y municipales contengan altas cargas bacterianas, si bien la mayoría de las bacterias presentes en las heces humanas no son inherentemente patógenas. No obstante, cuando se produce una infección, un gran número de microorganismos patógenos (como bacterias, virus, protozoos y helmintos) se propagan en el medio ambiente a través de las heces. La eliminación de patógenos es a menudo el objetivo principal de los sistemas de tratamiento de aguas residuales con el fin de reducir la carga de la enfermedad.

Sin embargo el rechazo que genera en la población se debe  a que durante el proceso de tratamiento se producen subproductos que son los que emanan estos malos olores.

Por ello este tema es de suma importancia, ya que si una planta de tratamiento mal diseñada siempre es susceptible a producir malos olores.

Una planta de tratamiento anaerobio, no cuenta con oxígeno, siempre será la más propensa a generar estos malos olores sobre todo cuando las aguas a procesar contienen grandes cantidades de sulfatos o sulfuros, los cuales producen un olor muy parecido a huevo.

Mientras que por otro lado en los medios aerobios lo que produces el mal olor es la mala oxigenación.

En resumen los malos olores se puedes resumir en las siguientes causas

  • Gases inorgánicos que incluyen al sulfuro de hidrógeno (H2S) y al amoníaco (NH3).
  • Los altamente tóxicos como el índole, skatole, fenoles y mercaptanos.
  • Las aminas como la cadaverina y la putrescina.
  • Los ácidos como el acético, láctico y butírico.
  • El mal diseño de las plantas de tratamiento de aguas residuales, sobre todo en el dimensionamiento de equipos.
  • Las operaciones deficientes y la falta de control son otros de los principales motivos.
  • La disposición en especial cuando se hace un mal cálculo en la descarga al cuerpo acuífero y esto puede producir un pH incorrecto lo que se concreta en desprender H2S disuelto en el agua.

¿Cuál es la solución al problema de malo olor en las plantas de tratamiento?

La solución a este problema de olores en las plantas de tratamiento pueden ir desde simplemente adecuar el diseño y operación de las mismas, hasta evaluar incluir nuevas o diferentes tecnologías y procesos dentro de la PTAR para evitar la producción de olores, gestionando de manera más eficiente el empleo de microorganismos para la degradación de los contaminantes, ejemplo:

  • Cuando se trata de un proceso aerobio es importante medir constantemente la concentración de oxígeno disuelto en el agua, un medio sin oxígeno es mortal para los microorganismos que al pasar a condiciones anóxicas morirán generando malos olores.
  • Es de vital importancia amortiguar los cambios en el pH y salinidad (medida en Conductividad Eléctrica); ambos producen que el metabolismo de los microorganismos se altere llevándolos a ser más lentos y por ende ineficientes en la remoción de los contaminantes. Los cambios en el pH también volatilizan el H2S.
  • Uso de filtros de carbón activado pueden ser una opción para retener los malos olores en el carbón el cual los absorbe.

Finalmente, el Ozono es uno de los agentes oxidantes más eficientes para eliminar las moléculas que generan malos olores, porque simplemente desbarata sus enlaces; sin embargo, es importante saber en qué punto adicionarlo para no matar a los microorganismos que nos están ayudando en el proceso.

En conclusión, el éxito de los procesos de tratamiento de aguas, radica no sólo en instalar la planta y generar agua de buena calidad; sino, lograr la aceptación de la comunidad con una buena operación de la misma para fomentar así el tratamiento e innovaciones para el cuidado y ahorro del agua.

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