El uso de cloruro férrico en el tratamiento de aguas: propiedades y aplicaciones

En el contexto peruano, el tratamiento de aguas residuales cumple un rol esencial en la protección de los recursos hídricos y la salud pública. El crecimiento industrial, urbano y minero ha incrementado la carga contaminante de los efluentes, lo que obliga a aplicar procesos físico-químicos cada vez más eficientes y controlados.

Dentro de estos procesos, el cloruro férrico se ha consolidado como uno de los coagulantes más utilizados en plantas de tratamiento de aguas residuales, tanto municipales como industriales. Su capacidad para remover sólidos, materia orgánica y nutrientes como el fósforo lo convierte en un insumo clave en esquemas de tratamiento orientados al cumplimiento ambiental. ¡Sigue leyendo para saber más!

¿Qué es el cloruro férrico?

El cloruro férrico es un compuesto químico inorgánico cuya fórmula es FeCl₃. Se caracteriza por ser un ácido de Lewis fuerte y por su alta solubilidad en agua. En el tratamiento de aguas, se emplea principalmente como coagulante, debido a su capacidad para desestabilizar partículas coloidales y facilitar su eliminación.

Cuando el cloruro férrico se disuelve en agua, sufre un proceso de hidrólisis que da lugar a la formación de hidróxido férrico. Este producto genera flóculos con elevada superficie de contacto, capaces de atraer y aglomerar partículas suspendidas, coloides y compuestos disueltos. Este mecanismo constituye la base de su eficacia en la coagulación.

Desde el punto de vista operativo, se presenta generalmente en forma líquida, lo que facilita su dosificación y control en sistemas automatizados de tratamiento.

Papel del cloruro férrico en el tratamiento de aguas residuales

El cloruro férrico interviene principalmente en la etapa de coagulación dentro del tratamiento físico-químico. Su función es transformar partículas finas, que no sedimentan con facilidad, en agregados de mayor tamaño y peso, aptos para ser removidos por sedimentación o flotación.

En plantas de tratamiento de aguas residuales (PTAR), este coagulante se utiliza para:

  • Reducir sólidos en suspensión.
  • Disminuir la carga de materia orgánica.
  • Remover metales pesados.
  • Controlar la concentración de fosfatos.

Su uso es común tanto en efluentes municipales como en efluentes industriales, donde la variabilidad de la carga contaminante exige productos con amplio rango de operación. 

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Proceso de coagulación y floculación

La coagulación es una etapa crítica del tratamiento de aguas. Consiste en la adición controlada de un coagulante químico para neutralizar las cargas eléctricas de las partículas suspendidas. En el caso del cloruro férrico, este proceso se inicia de manera inmediata después de la dosificación.

Una vez neutralizadas las cargas, se favorece la floculación, donde las partículas colisionan y se agrupan formando flóculos visibles. Estos flóculos pueden ser retirados posteriormente mediante sedimentación o flotación por aire disuelto, según el diseño del sistema.

La eficiencia de este proceso depende de variables como:

  • Dosis del coagulante.
  • pH del agua.
  • Temperatura.
  • Tiempo de mezcla y floculación.

Por esta razón, es habitual realizar pruebas de jarras (jar test) para determinar la dosificación óptima antes de su aplicación a escala real.

que es cloruro ferrico

Eliminación de fosfatos y control de la eutrofización

Uno de los aportes más relevantes del cloruro férrico es su capacidad para la remoción de fósforo. Los fosfatos presentes en las aguas residuales, si no son eliminados, pueden generar eutrofización en ríos, lagos y embalses, afectando gravemente los ecosistemas acuáticos.

El cloruro férrico reacciona con los fosfatos formando compuestos insolubles que precipitan y pueden ser retirados del sistema. Este mecanismo lo convierte en una herramienta eficaz para cumplir con límites de vertimiento asociados a la remoción de fósforo total.

En este contexto, su uso resulta muy importante en tratamientos terciarios o en plantas que se descargan en cuerpos de agua sensibles.

Comparación con otros coagulantes

Dentro del tratamiento de aguas, el cloruro férrico compite con otros coagulantes como el sulfato de aluminio y el policloruro de aluminio (PAC). Cada uno presenta ventajas y limitaciones según el tipo de efluente y las condiciones operativas.

El cloruro férrico destaca por:

  • Mayor eficacia en la remoción de fósforo.
  • Buen desempeño en un rango amplio de pH.
  • Formación de flóculos densos y estables.

Sin embargo, en comparación con el PAC, puede generar mayor corrosividad y requerir materiales resistentes en sistemas de almacenamiento y dosificación. La selección del coagulante debe basarse en pruebas técnicas y en el análisis del costo operativo total.

Preparación, almacenamiento y dosificación

El cloruro de hierro suele suministrarse como solución líquida concentrada. Para su almacenamiento, se recomienda el uso de tanques fabricados con materiales resistentes a la corrosión, ubicados en áreas ventiladas y protegidas de la radiación solar directa.

Durante la preparación y dosificación, es fundamental:

  • Evitar el contacto con metales reactivos.
  • Controlar derrames y salpicaduras.
  • Utilizar equipos de protección personal.

La dosificación química debe ajustarse de forma cuidadosa para evitar sobredosificación, que podría aumentar la salinidad del agua tratada o generar residuos férricos innecesarios.

Beneficios ambientales y operativos

El uso adecuado del cloruro férrico contribuye de forma directa a la protección ambiental. Al reducir la carga contaminante de los efluentes, disminuye el impacto sobre cuerpos de agua receptores y ayuda a preservar la biodiversidad acuática.

Desde el punto de vista operativo, su eficacia permite:

  • Mejorar la eficiencia global del tratamiento.
  • Reducir la turbidez del agua tratada.
  • Facilitar procesos posteriores como la filtración.

Estos beneficios explican su uso extendido en sistemas de tratamiento a nivel industrial y municipal.

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Posibles limitaciones y consideraciones técnicas

A pesar de sus ventajas, el cloruro férrico presenta ciertos aspectos que deben gestionarse adecuadamente. Su carácter corrosivo exige infraestructura compatible y protocolos de seguridad estrictos. Además, una dosificación inadecuada puede incrementar la concentración de sales en el efluente tratado.

Por ello, su aplicación debe estar respaldada por estudios técnicos, pruebas de laboratorio y monitoreo continuo de parámetros operativos como pH, turbidez y fósforo residual.

En este contexto, el cloruro férrico en tratamiento de aguas residuales se reconoce como un coagulante de uso extendido por su eficacia en la remoción de sólidos suspendidos, materia orgánica y fosfatos.

Cuando se aplica con una dosificación adecuada y bajo control técnico, su uso aporta resultados consistentes en el cumplimiento de los estándares ambientales y en la protección de los recursos hídricos, consolidándose como un insumo clave dentro de los procesos físico-químicos actuales.

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